¡La espera!
- Aurey Rodriguez

- 27 oct 2025
- 2 Min. de lectura

Esta semana el blog se trata de la espera.
Las temporadas de espera pueden ser tan difíciles. Probablemente has escuchado el decir la espera que desespera, y cuán cierto es. Durante estos últimos meses, ha sido una tras otra. Esperar por claridad. Esperar por respuestas. Esperar por sanidad. Esperar por cambios. Esperar por resultados de exámenes, esperar por la cirugía, luego esperar nuevamente por los resultados de patología… y ahora, esperar por la recuperación.
Hasta esperar para poder ir al baño (perdón, eso tal vez fue mucho detalle 😂).
Esperar, esperar, esperar. Es difícil. No es fácil. Pero qué hermoso es poder descansar en el Creador del universo mientras esperamos.
Esta vez, con todo esto del “impostor” en mi tiroides, Dios ha sido tan puntual. No puedo esperar para compartir todo lo que Él me ha estado mostrando. He visto tanta bondad, que lo único que puedo decir es: “Dios, te veo.”
La paz que he sentido esta vez ha sido indescriptible.
Y aquí está la verdad: todo se trata de la perspectiva en la espera.
Cuando miramos la Escritura, hay tantos ejemplos que nos recuerdan que las temporadas de espera no son temporadas perdidas.
Elías esperó la lluvia cuando el cielo aún estaba seco.
David esperó años para ser rey, aprendiendo a adorar y confiar mientras se escondía en cuevas.
Noemí y Rut esperaron redención y restauración después del dolor y la pérdida.
Abraham esperó por la promesa —año tras año— y aun así creyó.
Todos ellos nos enseñan que la espera es necesaria para crecer.
Hay algo en la espera que nos madura, que fortalece nuestra fe, que nos hace ver a Dios de maneras que no veríamos si todo llegara fácil.
Estoy esperando volver a sentirme bien. Estoy esperando volver a cantar, hablar con claridad otra vez. Volver a hacer las cosas que antes hacía. Pero mientras espero, todo lo que quiero es acercarme más a Él.
No voy a mentir, ha sido una batalla entre la carne y el espíritu. Mi espíritu quiere crecer, buscar, salir de este proceso diferente. Pero mi carne… quiere comodidad.
Pero para crecer, tenemos que rendirnos completamente. Tenemos que soltar las distracciones. Porque incluso en la espera, es tan fácil distraernos —con el ruido, la incomodidad y con las preguntas como el “cuándo acabará” o el “y si…” Y en vez de vivir esa paz que no tiene sentido, terminamos ansiosos y eso no es lo que Dios quiere.

La Biblia dice:
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.” — Isaías 26:3
Ahí está la clave. La paz perfecta en la espera llega cuando confiamos completamente y plenamente en nuestro Padre celestial.
Así que si tú también estás en una temporada de espera, recuerda: Dios no se ha olvidado de ti. Él está obrando, aunque no lo veas. Y cuando mires atrás, dirás, “Valió la pena la espera.”
With Love,
Aurey Rodriguez





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